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Un certificado SSL válido es requisito para que el navegador muestre la conexión como segura. Si caduca, el navegador bloquea el acceso con una pantalla de advertencia.
No basta con que el certificado SSL esté en fechas: tiene que estar emitido por una autoridad reconocida y para el dominio correcto. Un certificado autofirmado, con la cadena incompleta o emitido para otro dominio hace que el navegador muestre una advertencia de seguridad a plena página en lugar de la web.
Si ambas versiones funcionan sin redirección entre ellas, Google las trata como páginas duplicadas y los usuarios pueden llegar por caminos diferentes.
Cuando una página HTTPS carga recursos por HTTP, los navegadores pueden bloquearlos o mostrar advertencias de seguridad.
TLS es el candado de la conexión, y tiene versiones. Las antiguas (1.0 y 1.1) se retiraron en 2021 porque se les encontraron fallos; los navegadores actuales ya no las usan. Un servidor puede seguir aceptándolas aunque nadie las pida.
Mucha gente escribe la dirección sin «https» o llega desde un enlace antiguo. Lo correcto es que el servidor la mande a la versión cifrada de inmediato, en un solo paso.
La web debe enlazar de forma visible su política de privacidad, donde informa de qué datos recoge y con qué fin (deber de información del RGPD).
sin_enlace×1El texto debe destacar lo suficiente sobre su fondo para que pueda leerlo alguien con poca visión. La norma pide una diferencia mínima de 4,5 a 1 en el texto normal y de 3 a 1 en el texto grande.
Se mide simulando un móvil de gama media con conexión 4G: las mismas condiciones con las que Google evalúa y posiciona tu web. Google lo considera bueno por debajo de 2.5s; por encima, penaliza en el ranking. En un ordenador o con un 4G rápido el tiempo será bastante menor: esta cifra es el caso estándar que sufre un visitante con un móvil corriente.
Total Blocking Time mide el tiempo total durante la carga en que la página no responde a clics o toques, simulando un móvil de gama media (proxy de laboratorio de la capacidad de respuesta INP, medible sin datos de tráfico real). Google lo considera bueno por debajo de 200ms.
Google establece 0.1 como umbral máximo. Por encima, la experiencia visual es inestable.
Revelar qué CMS o tecnología usa la web —y, cuando es visible, su versión— permite a un atacante buscar vulnerabilidades conocidas en bases de datos públicas de CVEs. Las señales van desde la meta generator o las cabeceras del servidor hasta las rutas típicas del CMS (que delatan la tecnología aunque no la versión).
Cada respuesta de tu web puede decir qué programa la sirve y en qué versión. Con la versión concreta, buscar fallos conocidos de ese programa es cuestión de una consulta.
Además del servidor, otras cabeceras pueden delatar el lenguaje o el framework con el que está hecha la web, y a veces su versión.
El SPF es la lista de servidores autorizados a enviar correo en nombre de tu dominio. Se publica en el DNS y la consultan los sistemas que reciben tus mensajes.
El DMARC es la instrucción de qué hacer con el correo que dice venir de ti pero no supera las comprobaciones: dejarlo pasar, mandarlo a spam o rechazarlo. Sin él, cada sistema decide por su cuenta.
HSTS le dice al navegador que en tu dominio SIEMPRE debe usar HTTPS, incluso si alguien escribe la dirección sin la «s» o pincha en un enlace antiguo. Sin él, esa primera petición viaja sin cifrar y puede ser interceptada.
La Content Security Policy es una lista blanca: le dice al navegador desde qué sitios puede cargar y ejecutar código en tu web. Es la defensa más eficaz contra que alguien consiga colar un script ajeno en una de tus páginas.
Sin esta protección, cualquiera puede incrustar tu web dentro de la suya en un marco invisible y superponerle botones. El visitante cree que pulsa en tu web y en realidad está pulsando en la del atacante.
Cuando un archivo no declara bien qué tipo es, el navegador intenta adivinarlo. Esta cabecera le pide que no lo haga y se fíe de lo que el servidor declara.
Cuando alguien pincha en un enlace que sale de tu web, el navegador cuenta al destino desde qué dirección venía. Esta política decide cuánto de esa dirección se comparte.
Esta cabecera permite declarar qué capacidades del navegador —cámara, micrófono, ubicación— pueden usarse en tu web y, sobre todo, en el contenido de terceros que incrustes.
Las reglas CORS deciden qué otras webs pueden leer las respuestas de la tuya desde el navegador de un visitante. Abrirlas a todo el mundo es correcto para contenido público, pero no si además se envían las credenciales de la sesión.
Casi todas las webs cargan librerías o tipografías desde servidores ajenos. El atributo `integrity` guarda una huella del archivo esperado: si el proveedor sirve algo distinto, el navegador lo bloquea en lugar de ejecutarlo.
Se busca en la información legal el nombre o razón social del titular, o su identificación fiscal.
Se busca una dirección física en la información legal: un tipo de vía y un código postal.
Se busca un correo electrónico en la información legal. Un formulario de contacto no basta por sí solo: la norma pide un medio de comunicación directa.
Solo se comprueba si la propia web declara estar inscrita en un registro. En ese caso, tiene que dar los datos de la inscripción: tomo, folio y hoja.
Los archivos que no cambian deberían guardarse en el navegador durante meses. Se comprueba cuáles piden volver a descargarse demasiado pronto.
El texto —HTML, estilos, programas— se puede comprimir antes de enviarlo y ocupa unas cuatro veces menos. El navegador lo descomprime solo, sin que nadie lo note.
Compara el tamaño del archivo descargado con el que hace falta para el hueco donde se muestra. Una foto de 3.000 píxeles en un recuadro de 400 desperdicia casi todo.
Las fotos admiten un grado de compresión que reduce el archivo sin que el ojo note la diferencia. Se comprueba cuáles están guardadas con menos compresión de la que admitirían.
Los formatos actuales (WebP, AVIF) ocupan bastante menos que JPEG o PNG con la misma calidad, y los admiten todos los navegadores en uso.
El estándar recomendado es inferior a 3 MB. A diferencia de las métricas de experiencia, esto cuenta TODO lo que la página descarga —también lo que carga en segundo plano sin que el visitante lo perciba— y penaliza sobre todo a quien navega con datos limitados o conexión lenta.
HTTP/2 y HTTP/3 descargan muchos archivos a la vez por la misma conexión; HTTP/1.1 los pide casi de uno en uno. La diferencia solo importa cuando hay bastantes archivos, así que no se señala en webs con pocos.
Tiempo desde que se pide la página hasta que llega el primer dato de respuesta. Mide lo que tarda tu servidor en ponerse en marcha, no lo que tarda la página en dibujarse.
`noindex` dice «no incluyas esta página en el buscador». La canonical dice «la versión buena de esta página es aquella». Juntas, y apuntando a otra dirección, se contradicen.
Las instrucciones para buscadores pueden venir de tres sitios: el `robots.txt`, la meta `robots` de la página y la cabecera `X-Robots-Tag`. Se comparan entre sí.
Se observan las peticiones que hace la web durante la carga y se contrastan con el catálogo de plataformas de analítica.
Se comprueba que los envíos de medición lleguen. Un 401, 403 o 429 no cuenta como fallo: puede ser un bloqueo temporal, no un error de configuración.
Cuenta las veces que el código obliga al navegador a recalcular posiciones en mitad de la carga, en vez de dejarle agrupar el trabajo.
No se han podido comprobar por algún motivo (falta de datos, acceso o una prueba que requiere tu intervención). Por sí solas no determinan un hallazgo: quedan aquí como testigo de ejecución, con el motivo que dio el motor.
Tu verdadero estado de salud según lo que has decidido, no el diagnóstico inicial.
Tras tu revisión, 16 puntos siguen pidiendo atención; el resto los has dado por leídos, marcado como falsos-positivos o están bien.
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